La historia de la poliomielitis comienza hace aproximadamente 3000 años. Ya en un grabado del antiguo Egipto se representa a un sacerdote con una atrofia severa en una pierna que, probablemente, fuese consecuencia de una poliomielitis. Durante siglos, los VP, aunque endémicos y muy comunes, parecían ser invisibles, ya que sólo producían casos muy esporádicos de enfermedad paralítica infantil. Las primeras descripciones clínicas datan de 1795 en Inglaterra, 1813 en Italia, 1823 en la India, y 1890-93 en Estados Unidos. Pero los primeros casos bien documentados proceden de los países escandinavos (Noruega, 1868; Suecia, 1880), describiéndose entonces la enfermedad de carácter bifásico mencionada antes y otorgándole un carácter contagioso. Este último hecho se constató claramente en Suecia, en 1905, durante una epidemia que afectó a más de 1.000 personas. Tres años después, en 1908, en Viena, el Dr. Landsteiner confirmó el carácter contagioso de la enfermedad al transmitirla a un chimpancé por inoculación de médula espinal de un niño fallecido por poliomielitis, y describió las lesiones causadas por el VP en la médula. A partir de ese momento, la investigación de la polio adquirió un gran auge en los EEUU, Canadá y Europa.
Ya desde finales del siglo XIX se observó que la poliomielitis afectaba más a las poblaciones con cierto nivel socioeconómico, mientras que pasaba casi desapercibida en las poblaciones más pobres. El concepto de suciedad y enfermedad, que iba parejo con el de enfermedad infecciosa, no parecía cumplirse con ella. Paradójicamente, a medida que el mundo industrial avanzaba y que disminuía la tasa de mortalidad infantil, señal de mejora higiénica y sanitaria, aumentaba la frecuencia de la poliomielitis paralítica.
Desde 1880 estaba emergiendo la enfermedad, con brotes epidémicos importantes en distintas partes del mundo. Existen brotes documentados entre los años 1910 y 1912, pero en 1916 se produjo una de las epidemias más graves. Fue en los EEUU, en la ciudad de New York, y ocasionó 27.000 enfermos y cerca de 6.000 muertos.
Las ciudades más castigadas fueron Madrid y Barcelona y, por zonas, el levante y el sur del país. Los niños menores de 7 años fueron los más afectados, en un 95%, siendo el VP1 el responsable del 85% de los casos. Todas las cifras citadas corresponden a casos de poliomielitis paralítica. El total de personas infectadas en cada brote se desconoce, ya que la mayoría de las infecciones cursan sin sintomatología clínica.
En resumen, el aumento de la incidencia de la poliomielitis se debió a varios factores: la mejora de las condiciones higiénico-sanitarias, el aumento de la población y la multiplicación de los viajes internacionales. Por otro lado, el mejor reconocimiento de la enfermedad y la alarma sanitaria que provocaron las epidemias contribuyó también a aumentar las cifras, ya que los casos se diagnosticaron y registraron en forma más eficaz. Puede decirse, sin duda, que en la década de 1950 la poliomielitis constituía la principal preocupación del mundo desarrollado en lo que concernía a las enfermedades infecciosas.
En resumen, el aumento de la incidencia de la poliomielitis se debió a varios factores: la mejora de las condiciones higiénico-sanitarias, el aumento de la población y la multiplicación de los viajes internacionales. Por otro lado, el mejor reconocimiento de la enfermedad y la alarma sanitaria que provocaron las epidemias contribuyó también a aumentar las cifras, ya que los casos se diagnosticaron y registraron en forma más eficaz. Puede decirse, sin duda, que en la década de 1950 la poliomielitis constituía la principal preocupación del mundo desarrollado en lo que concernía a las enfermedades infecciosas.
Ficha Bibliográfica.
GOODE J. William y HATT Paul K. "Historia de las enfermedades", México Editorial F. Trilla, 2da. Edición, 1970. pags. 460.
Publicado por Roberto Tagle Medel.

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