martes, 25 de noviembre de 2008

El ornitorrinco (con estructura IDC).



Es un animal con piel de topo, cola de castor, patas de rana, espolón de gallo, pico de pato y dientes. Se trata de un mamífero que pone huevos, reside en los lagos y ríos de Tasmania y Australia. El ornitorrinco pesa 60 kilos aunque parezca muy pequeño en verdad pesa mucho. Este animal mide entre 60 y 40 cm, la cola mide 30 cm, el pico mide 6 cm de largo y 5 cm de ancho. El ornitorrinco vive generalmente en ríos. Los ojos son pequeños y los oídos padecen de auricular externo sin embargo tanto la vista como es oído son excelente. El macho tiene un espolón en la cara interna de las extremidades posteriores que está conectado con una glándula que secreta una sustancia tóxica que se supone utiliza como sistema de defensa.
El ornitorrinco es un animal excavador, construye una madriguera en la costa de los ríos. En la primera viven tanto el macho como la hembra; en la segunda, sólo la hembra. Ambas se hallan totalmente fuera del agua, incluso la entrada, que es excavada en las partes escarpadas de la orilla y sólo queda cubierta por el líquido cuando se producen las grandes crecidas.Al nacer las crías inmediatamente se introducen en un pliegue de la piel, especie de rudimento de bolsa marsupial donde se vierte la secreción láctica. Para hacer todo aún más confuso, los ornitorrincos poseen dientes de "leche" que pierden con la edad. El ornitorrinco adulto tiene dientes en los jóvenes se forman tres dientes calcificados, los del adulto son reemplazados por placas córneas.
Su pico de pato, recubierto por una fina piel, la cual se prolonga hacia detrás, formando una especie de escudo, es un elemento increíblemente útil para buscar alimento en el fondo fangoso de los ríos donde los ornitorrincos se alimentan de gusanos, larvas de insectos, camarones de agua dulce, caracoles inmaduros y pequeños peces y ranas. El pico constituye un filtro excelente, que permite al ornitorrinco separar del agua las sustancias comestibles e irlas acumulando en las amplias bolsas maxilares que se extienden a los lados de la cabeza. A continuación mastica con parsimonia los alimentos.

Una vez que se ha sumergido bajo el agua sus ojos, orejas y fosas nasales se cierran por lo que nada sin ver. Es ahí donde se pone en juego el aspecto más fantástico de este animal. El pico de los ornitorrincos posee electro receptores tan sensibles que pueden percibir el campo eléctrico generado por el ligero movimiento de la cola de un camarón a veinte centímetros de distancia. Sin duda alguna, un cazador extremadamente eficaz que aún hoy en día nos sigue sorprendiendo. El pelaje se compone de pelos cerdosos, gruesos, de color castaño oscuro con reflejos blanco plateados; recubren una lanilla muy blanda y grisácea que recuerda mucho la de la foca y la nutria. Cerca del ojo se observa una manchita blanca o amarillenta. Las patas son de color rojo oscuro; el pico, negro en la parte superior, presenta una coloración amarilla y negra en la inferior, aunque los ejemplares jóvenes tienen un espléndido pelaje blanco plateado que cubre las patas y la parte inferior de la cola. Sobre todo cuando se halla húmeda, la piel de este animal emana un desagradable olor a pescado, quizá derivado de una secreción oleosa especial.Durante el invierno, el ornitorrinco atraviesa por períodos de letargo que duran pocos días. Es un animal netamente crepuscular, aun cuando a veces también se aventure en busca de alimento durante las horas diurnas. Si el agua es muy transparente, resulta fácil seguirlo con la vista mientras se desplaza bajo el agua o en la superficie; sin embargo, el observador debe permanecer absolutamente inmóvil, ya que ni el menor movimiento escapa a su mirada y su oído, verdaderamente agudísimos. No permanece mucho en la superficie, pues prefiere estar sumergido el mayor tiempo posible en el lodo y la vegetación de las orillas busca los insectos de que se alimenta.




Ficha Hemerográfica de un artículo de revista.


O'DONNELL, Guillermo. “Tendencias de los animales a su forma de vida en el medio hambiente”. Revista Mexicana de la UNAM, Instituto de Investigaciones en Zoología , Vol. XXXIX, Enero-Marzo, Num.1, pp. 9-59




Publicado por Roberto Tagle Medel.


Editado por:
Marisol Hernandez Castro

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